Es la figura femenina una constante presencia en la obra de J. Carrete. A veces seductora, mística, ángel y demonio, dueña de transformaciones o roles, que nos presenta el creador. Con miradas de artista se sumerge en el alma y el pensamiento femenino, contrastados en el uso de azules, naranjas, ocres o tonos de grises enmascarando los más sensuales sentimientos, secretos, sueños de mujer.
El círculo es la figura más recurrente, como trayectoria siempre eterna de misterios femeninos, en rasgos que deben a los clásicos del vanguardismo cubano, en busca de una síntesis formal de sincretismo étnico, religioso, ético y amoroso con el que puede verse a cualquier mujer cubana. «No es una«, nos dice este excelente grabador son muchas y a la vez una, la mujer musa y compañera. Son imágenes que le acompañan, es un compromiso permanente de su servicio a entender, a complacer la creación y a la propia vida como a la mujer.

Colaboración: Yamir Macías. Máster en Procesos Culturales Cubanos en la Universidad de las Artes. Directora de la Casa de Asia.
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